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Esta historia ocurrió en México, Distrito Federal, hace algunos años:

Una noche de guardia en el Instituto Nacional de Psiquiatría. Una pareja entra y relata que en su desesperación buscan internar al varón.

– “G. Está en peligro de muerte” relata su pareja. “Si mañana está en libertad, probablemente morirá”.

Pero… ¿cuál es el problema? Aparentemente se trata de un hombre acercándose a sus cuarenta años, bien parecido y bien vestido, que razona y enjuicia apropiadamente su realidad. El único problema es que le apasionan las peleas de Gallos.

,Las Peleas de Gallos

Los palenques, los tradicionales espectáculos mexicanos donde se hace pelear a dos gallos entrenados para el propósito de cruzar apuestas, es el foro que atrae a G. Hasta su perdición. Hijo de un enriquecido caballero, bien ubicado en altas esferas, siempre ha podido disponer de dinero para apostar en distintos eventos deportivos. Carreras de caballos y galgos, peleas de box, perros o gallos… los casinos y los corredores de apuestas son la chispa que llena de vida a tan singular personaje que entrevisto.

Naturalmente la historia tiene su gloria. G. Tuvo rachas en que ganó cantidades exorbitantes de dinero, sin embargo, como suele suceder, esas rachas se desvanecen pero no así el deseo de volver a ganar. Así ha perdido automóviles, casas, trajes, relojes costosos, ¡hasta los zapatos! Tratando de volver a conseguir el dinero para recuperarse apostando al “pinto” o al “colorado”.

Su pareja actual (ya que ha perdido varias) lo conoció ya con este hábito pero pensó que no era algo tan grave. Él jamás ha pensado que esto sea un problema serio y siempre es posible echarle la culpa a la mala suerte, a las envidias o a la falta de oportunidades para no poder tener éxito económico. Sin embargo, en épocas más recientes, G. Empezó a ir a los palenques a apostar fuertes cantidades de dinero sin capital para pagarlas. En una ocasión, apostó $60,000 a una pelea de gallos que acabó perdiendo. Cuando se reveló que no tenía dinero para pagar, tuvo que huir de los tiros que le echaban.

El día por venir – nos relataba la joven – había un palenque de altos vuelos. G. sentía el ansia de asistir, a pesar de que podría presentarse alguno de sus cobradores. Uno de esos que ya lo conoce de rostro, que son acreedores a varios miles de pesos que G. no tiene y que van armados con armas de fuego. Pensar que está en peligro de muerte no resulta descabellado.

En otra sesión, mas reciente, me platica una de mis pacientes que su madre ha vuelto al juego. Usa dinero propio y ajeno en máquinas tragamonedas de conocidos establecimientos que se hallan abiertos dia y noche. En ocasiones se endeuda por grandes cantidades, pero la recompensa de un dia salir con $500 mas de los que entró, hace olvidar las deudas de miles de pesos generadas en rachas perdedoras previas.

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¿Cómo reconocer si el juego ha salido de control? Algunas preguntas que se pueden formular:

–       ¿Esta jugando de manera cada vez mas frecuente? (de ocasional, a mensual, a todo el fin de semana, a diario)

–       ¿Arriesga cantidades cada vez mayores de dinero, porque sino, deja de ser emocionante?

–       ¿Se ha endeudado, o dejado de pagar gastos importantes, por haberse jugado el dinero?

–       ¿Ha tenido que mentir, robar o defraudar para conseguir el dinero necesario para seguir jugando o para pagar sus deudas de juego?

–       ¿Oculta que está usando su tiempo en estar apostando? ¿Le avergonzaría que lo descubrieran?

–       ¿Ha dejado pasar oportunidades de avance laboral, o éxito económico, porque prefirió seguir en el juego? ¿Ha perdido relaciones personales, empleos o reprobado como consecuencia de las apuestas?

–       ¿Juega para escapar de sensaciones de tristeza o ansiedad? Por otro lado, si se ve impedido para estar jugando, ¿se siente irritable o a disgusto?

–       ¿Ya ha intentado disminuir la frecuencia con que juega, sin éxito?

–       ¿Fantasea por horas sobre formas de jugar con mayor éxito o recordando momentos de victoria?

Los puntos más importantes a considerar es el progresivo sometimiento de distintas esferas de la actividad vital al juego, y la motivación de sentir menos incomodidad o disforia concentrando el esfuerzo en la apuesta o actividad lúdica.

Varios autores coinciden en que el problema esta poco estudiado, y que la mayor dificultad es que el sujeto reconozca que efectivamente ha perdido el control del impulso de seguir jugando, por vergüenza o porque sostiene la fantasía de que sólo cruza por una mala racha que terminará pronto.

Dificilmente el problema viene solo. Frecuentemente está asociado a la sensación crónica de estar ansioso, o desinteresado por otras cosas de la vida como la familia, el avance profesional o la paz económica.

Charlar al respecto puede esclarecer algunos de estos malestares, y buscar distintos tratamientos del problema. Preocuparse no basta, es necesario ocuparse. Si usted se da un breve instante, conteste este cuestionario: http://www.gamblersanonymous.org/ga/content/20-questions

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